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martes, 12 de enero de 2010

martes, 5 de enero de 2010

La soledad de los números primos

"...Los números primos sólo son divisibles por 1 y por sí mismos. Ocupan un sitio en la infinita serie de los números naturales y están, como todos los demás, emparedados entre otros dos números, aunque ellos más separados entre sí. Son números solitarios, sospechosos...
Existe un ciertos números primos mas especiales que el resto, a los que los matemáticos llaman primos gemelos: son parejas de primos sucesivos, o mejor, casi sucesivos, ya que entre ellos siempre hay un nùmero par, que les impide ir realmente unidos, como el 11 y el 13, el 17 y el 19, el 41 y el 43, si se sigue contando se descubre que dichas parejas aparecen cada vez con menos frecuencia. Lo que se encuentra son números primos aislados como perdidos en ese espacio silencioso y rítmico hecho de cifras y se puede tener la angustiosa sensación de que las parejas halladas anteriormente son hechos fortuitos y que el verdadero destino de los números primos es quedarse solos. Pero cuando ya cansados de contar nos disponemos a dejarlo, topamos de pronto con dos gemelos estrechamente unidos. Es convecimiento general entre los matemáticos de que por muy atrás que quede la ùltima pareja, siempre aparecerá otra, aunque nadie pueda prececir dónde.
Mattia pensaba que él y Alice eran eso. dos primos gemelos, solos y pérdidos próximos pero nunca juntos..."
Paolo Giordano. "La soledad de Los Números Primos" . Narrativa Salamandra ISBN 978-84-09838-205-1

jueves, 31 de diciembre de 2009

Voz Intima

Tu voz
eres tu, dentro de mi.
Desde tu cuello, vibrando
te proyectas en mi interior.
Y me cambias.
Sales luego por mis poros, calor del alma.
Me tocas profundamente en un instante
Instante eterno. Hasta que callas
Voz intima, me hiciste tuyo.
¿Lo sabes?

viernes, 25 de diciembre de 2009

Soneto XXVIII (William. Shakespeare)


Asi como al actor con pocas tablas
el miedo le confunde los papeles,
o al ser feroz el cúmulo de rabia
le mina el corazón aún siendo fuerte,
por miedo de confiarme se me olvidan
los ritos amorosos del cortejo
y el peso de mi amor es tal que mina
la fuerza que mi amor retiene dentro.
Prefiero la elocuencia de mis ojos,
voceros mudos de mi pecho hablante,
que piden por amor y exigen poco,
que la de aquella lengua que habla en balde.
Lee bien lo que el amor silente escribe,
pues la mirada que oye, de amor vive.

Soneto XXIII Willliam Shakespeare